Autor: Liliana Mosquera EJ. MSc. Enfermera profesional con maestría en TICs. Miembro Fundador Aipocrates
Cada 12 de mayo, el mundo se detiene —aunque sea por un instante— para reconocer a quienes raramente figuran en los titulares pero que sostienen, con sus manos y su juicio, el andamiaje de los sistemas de salud. El Día Internacional de la Enfermería no es solo una fecha de protocolo; es una oportunidad para hacernos preguntas incómodas y necesarias: ¿Quiénes son realmente estos profesionales hoy? ¿Qué se les está pidiendo que sean? ¿Y qué condiciones estamos construyendo para que puedan serlo?
Este año, el lema elegido por el Consejo Internacional de Enfermeras (CIE) es contundente: «Nuestras enfermeras. Nuestro futuro. Las enfermeras empoderadas salvan vidas.» No es una consigna vacía. Es, según el informe que acompaña la conmemoración, una síntesis respaldada por evidencia: el fortalecimiento de la fuerza laboral de enfermería podría evitar la pérdida de 189 millones de años de vida por muerte prematura y discapacidad, y aportar 1,1 billones de dólares a la economía mundial en 2030 (CIE/McKinsey, 2025). El poder de esta profesión es, en palabras del mismo informe, «real, cuantificable y de gran impacto». Y, sin embargo, sigue siendo sistemáticamente subvalorado.
El grupo más numeroso, el menos escuchado
La Región de las Américas cuenta con aproximadamente 7,4 millones de profesionales de enfermería, que representan el 63% de la fuerza laboral en salud y constituyen el grupo profesional más numeroso de los sistemas de salud de la región (OPS, 2026). Son quienes están en primera línea: promueven la salud, previenen enfermedades, manejan condiciones crónicas y acompañan a las comunidades, especialmente en zonas rurales y remotas donde los médicos son escasos.
Sin embargo, esta numerosa presencia coexiste con una distribución profundamente inequitativa. La densidad de enfermería varía entre 7 y más de 130 profesionales por cada 10.000 habitantes en distintos países de la región, y cerca del 40% de los países cuentan con menos de 30 por cada 10.000 habitantes. Colombia no es ajena a este desequilibrio: el personal de enfermería sigue concentrándose en los centros urbanos, mientras territorios enteros dependen de pocos profesionales que lo cubren todo.
Lo que está en juego no es solo un problema de números. Es un problema de reconocimiento estructural. Como señala el informe del CIE 2026, existe una narrativa desempoderadora —frecuentemente atada al género— que reduce la enfermería a habilidades sociales o instintos de cuidado, invisibilizando su base científica, su capacidad diagnóstica y su rol como motor de los sistemas de salud.
La enfermera del siglo XXI: entre el algoritmo y la cama del paciente
Si algo define la época que vivimos en salud es la aceleración tecnológica. La inteligencia artificial, la telesalud, los sistemas de monitoreo remoto, las historias clínicas digitales y la robótica asistencial están transformando los entornos de práctica clínica a una velocidad que supera, en muchos casos, la capacidad de los currículos formativos para adaptarse. Y la enfermería está en el centro de esa transformación, lo quiera o no.
La enfermería digital no es el futuro: ya es el presente. Benavente-Rubio (2022), en la Revista Médica Clínica Las Condes, plantea que la salud digital abre oportunidades concretas para la ciencia del cuidado: permite personalizar intervenciones, mejorar la adherencia terapéutica, fortalecer la comunicación con el paciente y ampliar el alcance de la atención primaria hacia contextos comunitarios que de otra manera quedarían desatendidos. Pero también advierte sobre los desafíos: la brecha digital entre profesionales y pacientes, los riesgos para la privacidad de los datos y la necesidad de que la tecnología esté diseñada desde —y no solo para— la enfermería.
En el campo de la robótica asistencial, Christoforou et al. (2020) en Frontiers in Digital Health documentan cómo los sistemas robóticos están comenzando a integrarse en entornos hospitalarios y de atención domiciliaria, no para reemplazar a las enfermeras sino para apoyarlas en tareas físicamente demandantes, permitiéndoles concentrar su tiempo y energía en lo que ningún algoritmo puede hacer: la valoración integral, la toma de decisiones clínicas complejas y el cuidado relacional. La pregunta no es si la tecnología entrará a los espacios del cuidado, sino quién la va a gobernar.
En la revisión sistemática publicada también en Frontiers in Digital Health (2026) sobre “Tendencias en la aplicación de la tecnología digital en la informática de enfermería” se confirma un crecimiento exponencial en esta área de conocimiento, con énfasis en inteligencia artificial, big data, telesalud e internet de las cosas aplicados a la práctica enfermera. El mensaje es claro: la informática en enfermería no es una especialidad periférica; es una competencia transversal que toda enfermera del siglo XXI necesita desarrollar.
Lo que la tecnología no puede ser
Este es el punto central, que debe a mi parecer, llamar la atención de todo nuestro gremio.
En los debates sobre la transformación digital en salud, hay una tentación recurrente: “Poner más tecnología para ser más eficientes”, sin embargo, esta premisa no siempre es cierta y favorece el olvidar que la eficiencia sin humanidad produce errores diagnósticos, abandono de tratamientos y sistemas que funcionen en el papel fracasen en la realidad de los pacientes. La enfermería —particularmente la enfermería familiar y comunitaria— conoce bien esta trampa, porque trabaja en la frontera donde los protocolos se encuentran con la vida real de las personas.
La proximidad es, según el informe del CIE 2026, uno de los poderes fundamentales de la enfermería: un poder que se define tanto por el tiempo dedicado al paciente como por la frecuencia del contacto. Es esa proximidad la que permite detectar lo que no aparece en ningún indicador: el miedo disfrazado de agresividad, el abandono del tratamiento que esconde una crisis socioeconómica, la familia que cuida pero que también necesita ser cuidada. Ningún sistema de monitoreo remoto, por sofisticado que sea, puede sustituir esa lectura de condiciones.
“Cuando el personal de enfermería puede permanecer cerca de los pacientes, identifica los riesgos antes, responde con mayor rapidez y previene los daños de forma más eficaz”
Por eso, la enfermería que necesitamos hoy NO es una enfermería que elige entre la tecnología y la humanidad, es una enfermería que sabe que ambas son complementarias y se potencian (simbiosis). Un profesional que puede leer un electrocardiograma transmitido por telemetría y, en el mismo turno, sentarse junto a un anciano que tiene miedo de morir solo. Que puede analizar datos de un sistema de salud digital y también reconocer, en la historia de vida de una familia, los determinantes sociales que ninguna app puede resolver.
“La clave está en desarrollar tecnologías que ahorren tiempo al personal de enfermería, a la par que preserven la conexión humana que constituye el núcleo de los cuidados”.
Inteligencia artificial en enfermería: promesas reales, riesgos reales
Una revisión sistemática publicada en Frontiers in Digital Health (Hassanein et al., 2025), que analizó 18 estudios en entornos hospitalarios diversos, documentó beneficios concretos y medibles: los sistemas de monitoreo con IA —sensores portátiles, plataformas de alerta en tiempo real— han permitido detectar cambios fisiológicos sutiles, como el inicio de fiebre o señales de dolor, antes de que los métodos tradicionales los identifiquen, reduciendo complicaciones, acortando estancias hospitalarias y disminuyendo tasas de reingreso. En el frente administrativo, la automatización de tareas rutinarias como la programación de turnos, la documentación administrativa y la clasificación predictiva de carga de trabajo ha liberado tiempo de enfermería para la atención directa al paciente —y ha contribuido a reducir el burnout, uno de los problemas más agudos que enfrenta la profesión hoy.
Hasta aquí, la promesa. Pero el mismo estudio es igualmente claro sobre los riesgos: sesgo algorítmico, amenazas a la privacidad de los datos clínicos y, quizás el más silencioso de todos, la erosión del juicio clínico por sobredependencia tecnológica.
En mi opinión, un enfermero sin criterio se convierte en esclavo de la tecnología, y en un profesional inútil para el sistema.
A esto se suma un problema de alfabetización. Una revisión sistemática reciente (El Arab et al., 2025), que sintetizó 37 estudios de seis bases de datos internacionales hasta mayo de 2025, encontró que las actitudes de las enfermeras frente a la IA son moderadamente positivas, pero están fuertemente condicionadas por la formación previa: quienes han tenido entrenamiento en IA muestran mayor disposición a adoptarla, mientras que la ansiedad ante la tecnología frena la preparación. Un hallazgo especialmente relevante: muchas enfermeras cuestionan que la IA pueda superar el juicio humano en tareas complejas —y tienen razones para hacerlo. Ese escepticismo bien fundado no es resistencia al cambio; es una postura epistémica que los sistemas de salud deberían aprovechar, no desestimar.
Lo que emerge de la evidencia es una imagen más matizada que la que suelen ofrecer los discursos tecnológicos en salud: la IA puede ser una aliada poderosa de la enfermería, pero solo si la enfermería tiene formación para evaluarla críticamente, agencia para cuestionarla cuando falla y autoridad para participar en las decisiones sobre cómo y cuándo se implementa. Una enfermera que usa IA sin comprenderla es tan vulnerable como una paciente que toma un medicamento sin saber para qué es. La diferencia es que, en el primer caso, las consecuencias las sufren miles de personas.
El rol de práctica avanzada: una deuda pendiente en Latinoamérica
Uno de los debates más importantes que este Día Internacional debería activar en Colombia y en la región es el de la enfermería de práctica avanzada (EPA). Más de 100 países en el mundo ya han incorporado estos roles ampliados, en los que la enfermera —tras una formación especializada— asume mayores responsabilidades clínicas con autonomía: evalúa, diagnostica, trata y da seguimiento a pacientes y comunidades (OPS, 2026).
La evidencia es consistente: cuando se les otorga mayor autonomía y apoyo, las enfermeras de práctica avanzada contribuyen a mejorar el acceso oportuno a servicios, fortalecer la continuidad del cuidado y lograr mayor satisfacción entre las personas atendidas, con un enfoque más humano y cercano. En las Américas, Canadá y Estados Unidos cuentan con modelos consolidados, mientras que en América Latina y el Caribe —incluida Colombia— el desarrollo sigue siendo incipiente, frenado por marcos regulatorios desactualizados, oferta limitada de formación especializada y resistencias institucionales para adecuar los modelos de trabajo tradicionales.
La OPS es enfática: ampliar el rol de la enfermería no es una cuestión de eficiencia solamente; es una oportunidad estratégica para avanzar hacia la cobertura universal de salud y responder mejor a las necesidades reales de la población (OPS, mayo 2026). Para Colombia, donde la atención primaria sigue siendo el eslabón más débil del sistema y donde las desigualdades territoriales en acceso a salud persisten, este argumento es especialmente relevante.
Formar para el presente, no para el pasado
Si hay una conclusión que emerge con fuerza de toda la literatura disponible, es esta: los currículos de enfermería en Colombia —y en gran parte de la región— siguen formando para un sistema de salud que ya no existe. Las competencias digitales, la alfabetización en datos, la capacidad de participar en el diseño de herramientas tecnológicas y de evaluar críticamente sus implicaciones éticas son todavía excepcionales en la formación de pregrado.
Es un «llamado a la acción» a reconocer la velocidad a la que está cambiando el contexto. Esto no es un reproche a las instituciones formadoras; pero sí es una urgencia. La enfermera que egresa hoy va a trabajar con sistemas de inteligencia artificial que asistirán en el diagnóstico, con plataformas de telesalud que ampliarán su alcance geográfico, con dispositivos de monitoreo que generarán torrentes de datos que alguien tendrá que interpretar. Si no la formamos para participar activamente en ese ecosistema —no solo como usuaria, sino como co-diseñadora y guardiana ética—, la estamos dejando expuesta y a los pacientes también.
Al mismo tiempo, y esto es igualmente crítico: si la formamos solo para la tecnología, sin fortalecer las competencias relacionales, la capacidad de cuidado integral y la sensibilidad comunitaria, estaremos produciendo técnicas muy hábiles con interfaces digitales pero desconectadas de la razón de ser de la profesión.
Una voz en la mesa donde se toman las decisiones
El último punto que quiero plantear en esta conmemoración es político, en el mejor sentido del término.
Las enfermeras y enfermeros deben estar en los espacios donde se diseñan las políticas de salud digital, donde se decide qué tecnologías se adoptan, bajo qué criterios se protege la privacidad de los pacientes y para la seguridad del trabajo clínico y comunitario. Durante demasiado tiempo, esas decisiones se han tomado sin la profesión que más directamente las implementará y sufrirá —o se beneficiará— de ellas.
El CIE lo dice sin rodeos en su informe de 2026: el empoderamiento de la enfermería significa que el personal tenga voz firme en todos los niveles de liderazgo y toma de decisiones. No como consultadas de último momento, sino como actores estratégicos desde el diseño. En Colombia, esto implica presencia en los consejos y comités de salud digital, en las mesas de formulación de política pública, en los grupos de trabajo sobre inteligencia artificial en salud. La enfermería colombiana tiene el conocimiento, la experiencia de campo y la cercanía con las comunidades que ningún otro actor del sistema posee en la misma medida. Esa es una ventaja que no puede seguir siendo desaprovechada.
Mi reflexión final…
Mientras los indicadores muestran déficits de enfermería, brechas digitales y sistemas de salud bajo presión, me parece importante recordar que detrás de cada estadística hay un rostro. La enfermera que hace la visita domiciliaria a las seis de la mañana en una vereda sin conectividad. La que aprende a usar un nuevo sistema de historia clínica electrónica en su tiempo libre. La que hace un diplomado en IA para cambiar la forma como hacen las cosas en su hospital.
La enfermería moderna necesita tecnología. Pero la tecnología, para que sirva a la salud, necesita profundamente a la enfermería: a su mirada, a su juicio, a su humanidad. Ese es el equilibrio que debemos construir juntos.
Feliz Día de la Enfermería
Texto escrito con ayuda de inteligencia artificial.
Referencias
- Consejo Internacional de Enfermeras (CIE). (2026). Día Internacional de la Enfermera 2026: Las enfermeras empoderadas salvan vidas. Ginebra: CIE. ISBN 978-92-95124-53-0. Disponible en: https://www.icn.ch/sites/default/files/2026-05/ICN_IND2026_report_SP_A4_3.3.pdf
- Organización Panamericana de la Salud (OPS). (2026). Día Internacional de las Enfermeras y los Enfermeros 2026. Washington D.C.: OPS. Disponible en: https://www.paho.org/es/campanas/dia-internacional-enfermeras-enfermeros-2026
- OPS. (11 de mayo de 2026). La OPS insta a los países a ampliar el rol de la enfermería para fortalecer los sistemas de salud en las Américas. Nota de prensa. Disponible en: https://www.paho.org/es/noticias/11-5-2026-ops-insta-paises-ampliar-rol-enfermeria-para-fortalecer-sistemas-salud-americas
- Benavente-Rubio, A. (2022). El rol de enfermería en la salud digital: oportunidades y desafíos para la ciencia del cuidado. Revista Médica Clínica Las Condes, 33(6), 598-603. https://doi.org/10.1016/j.rmclc.2022.11.004
- Christoforou, E. G., Avgousti, S., Ramdani, N., Novales, C., & Panayides, A. S. (2020). The Upcoming Role for Nursing and Assistive Robotics: Opportunities and Challenges Ahead. Frontiers in Digital Health, 2, 585656. https://doi.org/10.3389/fdgth.2020.585656. PMC8521866.
- Frontiers in Digital Health. (2026). Trends in application of digital technology in nursing informatics: an integrative bibliometric analysis. Frontiers in Digital Health. https://doi.org/10.3389/fdgth.2026.1670402
- Hassanein, S., El Arab, R. A., Abdrbo, A., Abu-Mahfouz, M. S., Gaballah, M. K. F., Seweid, M. M., Almari, M., & Alzghoul, H. (2025). Artificial intelligence in nursing: an integrative review of clinical and operational impacts. Frontiers in Digital Health, 7, 1552372. https://doi.org/10.3389/fdgth.2025.1552372
- El Arab, R. A., Alshakihs, A. H., Alabdulwahab, S. H., Almubarak, Y. S., Alkhalifah, S. S., Abdrbo, A., Hassanein, S., & Sagbakken, M. (2025). Artificial intelligence in nursing: a systematic review of attitudes, literacy, readiness, and adoption intentions among nursing students and practicing nurses. Frontiers in Digital Health, 7, 1666005. https://doi.org/10.3389/fdgth.2025.1666005. PMC12507812.
