¿Es posible gobernar una tecnología que aprende y cambia continuamente mediante normas y decisiones estáticas?
En la segunda parte de esta columna, el autor nos propone avanzar hacia una Gobernanza Bioética Adaptativa: un modelo que conserva principios irrenunciables como la dignidad, la autonomía, la justicia y la no maleficencia, pero incorpora capacidades institucionales para anticipar riesgos, evaluar resultados, aprender de la experiencia y corregir el rumbo.
La confianza en la inteligencia artificial no dependerá de que sus algoritmos sean infalibles, sino de que existan instituciones capaces de reconocer los errores, asumir responsabilidades y evolucionar junto con la tecnología.
Lo invitamos a leer la columna completa
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